lunes, 6 de mayo de 2013

miércoles, 1 de mayo de 2013

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26 a Feria Internacional del Libro de Bogotá


Hay quienes afirman que los libros pronto desaparecerán, que los prefieren digitales o en el peor de los casos que ya nadie lee. La fotografía que acompaña ésta nota, a mi parecer dice todo lo contrario. Fue tomada uno de esos días de la semana anterior, en los que las puertas de Corferias se abrieron para recibir a capitalinos y visitantes en la 26a Feria Internacional del Libro de Bogotá. 


Al visitarla, encontré las últimas ediciones de la revista "Nuevas Hojas de Lectura" de Fundalectura que tanto me contagiaron en mis inicios como maestra de amor por la literatura infantil, la colección completa de cuentos de Anthony Browne, los primeros cuentos que leí como animadora de lectura, un gran número de niños que hacían fila para tener un libro autografiado por el autor Celso Román y eventos muy atractivos organizados por las mejores editoriales. Es fascinante ver como en un sólo lugar puedes hallar gran parte de tus intereses.

Uno de los mejores momentos lo viví cuando caminé por el muelle de Puerto Colombia, sentí la magia de Bocas de Cenizas y reviví una noche de tamboras en la Plaza de la Paz, mientras mis ojos y memoria se deleitaron al observar el pabellón 18 en el cual se le rinde homenaje a mi Barranquilla, bajo el título honorífico " Capital Americana de la Cultura 2013", escuché a varias personas conversar sobre la riqueza cultural y patrimonial que se daba a conocer entre obras de Gabo, Cepeda y Obregón. En ese instante, el regionalismo que me caracteriza desde que vivo en ésta ciudad afloró al ensancharse mi corazón de orgullo Barranquillero.

Por otra parte, caminé sin prisa por más de cuatro horas, me despojé de esas prendas de vestir que tanto me pesan y a las cuales no me he podido acostumbrar. Disfruté de un sol maravilloso, vi como familias enteras se reunían en torno al calor de un libro y convertían cualquier espacio en un bosque encantado, castillo o casa en el árbol.

Cuando el cansancio apareció, me senté frente a una linda fuente para dejarme impactar por la gran cantidad de personas que compraban sus entradas para ingresar, por aquellos que se aglutinaron en la plazoleta de comidas y que hicieron que se prolongaran mis ansias de almuerzo y por la voz que anunciaba el lanzamiento del libro de Pirry. Ésta experiencia que me regalo cada año, no es más que un testimonio del lugar que ocupa el libro y la lectura en nuestra sociedad.