Cuando de enseñar se trata



Cierto día dediqué parte de mí ejercicio como maestra a “contemplar” a mis estudiantes y descubrí que la esencia por la cual se encuentran formados es la misma, son analíticos, creyentes naturales, amorosos por excelencia, hábiles al perdonar, ávidos de conocimiento, hipotéticos, reflexivos, grandes exploradores, inquietos e investigadores, los mejores lectores y  llenos de una singularidad  que los identifica y define.

De todas las características que visualicé llamó particularmente mi atención el ser "Singulares". Sí, esa esencia que los hace  únicos y que me permitió proyectarlos como los mejores comunicadores, artistas, músicos, militares, bailarinas, maestros, actores, científicos, ingenieros, arquitectos, escritores y pensadores. Puedo decirles que los percibí así, uno a uno y aunque son treinta no fue nada difícil. Al meditar en ello comprendí que son tan diferentes y al mismo tiempo, sentí tanto temor al pensar que esa  cualidad poco a poco  se pierde  en medio de otra que hábilmente trata de quitarle su valía, su distinción y me refiero a la temible “homogeneidad”.

 Concibo la educación como ese arte que conforma gran  parte de mi razón de existir. Para mí es un arte  porque a través de ella me doy,  expreso, comunico, siento y viajo inmersa en emociones. En varias oportunidades  cuando pienso en esa sagrada pasión solo puedo concluir que soy lo que hago y amo lo que soy. Creo que esa es la razón que me conduce a levantar mi voz  en esos momentos en  que con dolor noto como el academicismo abrumador, la rotulación excesiva, la evaluación homogénea, los programas académicos descontextualizados, la ausencia de las artes y  las prácticas deshumanizantes de un profesor  hacen que se vuelva difusa el verdadero sentido de la  pedagogía.

Que como maestros tengamos la sabiduría de un niño para poner alas y no mutilar, que seamos el medio para que con los años otras vidas encuentren razones y motivaciones, que seamos tan seguros de nuestro actuar que eso sea lo que esas vidas que llegan a nuestras manos  deseen emular  y que recordemos que es imposible educar con una pedagogía homogénea a niños y jóvenes singulares.

Cuando de enseñar se trata:
1. El maestro contagia, despierta el interés y la pasión por el aprendizaje a través de su práctica.
2. Un maestro se interesa por sus estudiantes, los escucha, mira a los ojos y los llama por sus nombres, porque sabe que para ellos es importante sentirse apreciados y reconocidos.
3. El maestro se divierte cuando ama lo que hace y tiene un carisma especial que lo distingue por la manera en la que vuelve enseñable su saber .
4. Un maestro ve a sus estudiantes como lo que pueden llegar a ser y los ayuda a ser conscientes de sus aspectos a mejorar y sus logros.
5. El buen maestro se cualifica, participa en eventos académicos, estudia, planifica, lee, investiga, adquiere y produce material educativo.
6. El maestro reflexiona sobre su quehacer y se reinventa.
7. El maestro trabaja en unión con diversas disciplinas, padres, estudiantes y colegas.
8. Un maestro sale del aula, usa otros espacios y emplea variedad de recursos al enseñar.
9. El maestro aprecia su labor, la dignifica, defiende y ejerce con maestría.
10. El maestro sabe que siempre habrá un sitio al que necesita llegar, donde requieren de su labor y en el que con el tiempo advierte que sólo ha sido un aprendiz.

Comentarios

Entradas populares