Huella Maestra
Finaliza una tarde dedicada a compartir con los profesores de Lengua Castellana del Distrito de Barranquilla algunos de mis aprendizajes en torno a los procesos de lectura y escritura.
Mientras transitaba entre diapositivas, cuentos, experiencias, textos y citas de autores, recordé que fue en el año 2007, en el paraninfo del Colegio Americano, cuando conocí a Fernando Vásquez Rodríguez, quien con su maestría inspiró mi práctica y despertó en mí la necesidad de indagar sobre la importancia de la didáctica en la enseñanza.
Desde entonces comprendí que uno de los propósitos del maestro es contagiar, inspirar y motivar a otros a transformarse para transformar su realidad.
Lo sé porque así lo he vivido. Soy el resultado de aquellos profesores que han dejado su “huella maestra” en mí. En la secundaria me encontré con el carisma del profesor Erasmo Arteta, la elocuencia, seguridad y liderazgo de Elena Meza, y la escucha atenta del profesor Jesús Mendoza. En el pregrado llegaron mis grandes referentes en educación superior: María de Socorro Simanca, Judith Peña, y mis queridas Liliana Castro y Lina Brugés. Cada una, con su estilo, sembró en mí las semillas de su propósito de vida. Para ellas, mi gratitud eterna por señalarme caminos.
Luego, en el posgrado, conocí a mi querida mentora Gloria Marlen Rondón Herrera y al profesor Gilberto Rodríguez, quienes me brindaron el modelo y la motivación necesarios para abrir mi mente a la educación superior, la investigación y la escritura. En este recorrido, tan significativo para mí en esta noche, no puede faltar mi querida Alicia Inciarte, quien con su organización, saber, didáctica, rigor metodológico, humanismo, práctica reflexiva y pasión por los procesos educativos, continúa dando forma a mi ser de maestra.
Imposible no evocarlos para decirle a la vida: gracias, gracias, gracias, por ponerlos en mi camino en el momento preciso, para dejar en mí un poco de lo que son.


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