Hoy Vestimos de Rosa!

 Autor: Judith Castillo Martelo

Octubre 19, 2022


Abran las ventanas para que entre la gracia de Dios” repetía habitualmente mi madre al iniciar el día. Frase que me lleva a recordarla cada mañana mientras me sorprendo corriendo las cortinas de mi casa. Sin embargo, hoy no sólo evoqué su recuerdo por ese motivo, era imposible no hacerlo un día en el que elegí con sumo cuidado las prendas de vestir y accesorios color “rosa” que luciría en su honor.

Mi mamá quien celebraría su cumpleaños número 68 el 6 de enero de 2020, partió de este estado terrenal hace más de dos décadas. Parece mentira, pero sólo fui plenamente consciente de lo joven que estaba al fallecer, cuando celebramos los 40 años de su hermana menor. Para ese momento, ya yo le había perdido el miedo a crecer y no era para menos, su enfermedad y posterior muerte, fueron las experiencias más difíciles que he vivido y con el tiempo me he dado cuenta, entre otras cosas, de esos vestigios que quizás por la premura de ocuparme de la nueva vida que su ausencia me dejaba no percibí.

Hablar de las situaciones vividas con mi madre en torno al cáncer de mama es algo que casi nunca hago, sin embargo, creo que cuando vas madurando y existen recuerdos que parecen de otras vidas, miras en retrospectiva y encuentras el valor que no se ve a los 19 años cuando tu vida y la de tu familia cambia de golpe a raíz de una enfermedad de la que muy poco se hablaba a mediados de los noventa.

Hubo momentos de su enfermedad en los que poco comprendía, porque generalmente los adultos guardan para sí todo aquello que piensan que un joven, niño o adolescente no necesita entender. Otros, en los que busqué y esperé un milagro con fe e instantes en los que creí desfallecer. Si me preguntasen en cuanto al mayor impacto de esos tiempos, diría que ver la manera en la que su vida cambió. Encontrar en su mirada una veta de temor, presenciar cómo su vanidad de mujer hermosa se convirtió en una terrible inseguridad a raíz de las cicatrices que le dejó la mastectomía y el posterior tratamiento de quimioterapia. Observarla era como tener frente a ti a un ave asustada en la rama de un árbol a la espera que pase la más fuerte tormenta.

Ahora, cuando el coraje me alcanza para abordar el tema, puedo decirles que a raíz de su partida, en mi familia vivimos momentos de duelo en solitario, donde cada uno aprendió a llevar su pena y a crecer, al tiempo en el que también, vimos la manera en la que se estrecharon nuestros lazos de amor y aquella profunda tristeza se convirtió en la más fuerte de las amalgamas entre nosotros.

Mi mamá me enseñó tanto, fue mi maestra de relacionamiento externo, mi mejor instructora de talento humano y al verla trabajar creo que hice el mejor MBA de administración y negocios. Aunque, creo que la mayor enseñanza que me pudo dejar fue hacer que todo lo vivido por ella cobrara significado al cuidar de mí. Por ello, creo que los buenos hábitos del día a día se convierten en un principio de prevención y reconozco la importancia de un chequeo médico de manera frecuente y de realizar el autoexamen de seno y las ecografías con regularidad.

Hace algunos meses conocí un programa de la EPS a la que me encuentro afiliada llamado “Tiempo para ti”, su objetivo es la prevención, diagnóstico y tratamiento del cáncer de mama. Al conocer el programa pude reflexionar sobre el miedo que emerge cuando nos sentimos vulnerables ante la enfermedad, en contraste a los resultados que se pueden obtener cuando actuamos desde sus grandes opuestos al autocuidado y el amor.

En ocasiones, estamos tan envueltas en todo lo que nos rodea, en nuestras responsabilidades y las vidas que tenemos a cargo, que olvidamos dar una mirada a ese horizonte interior que tiene tanto por contarnos. Pienso que el tiempo para nosotras es más que necesario. Tiempo para escuchar nuestro cuerpo y para exteriorizar esos sentimientos y emociones que ocultamos y llevamos dentro. Tiempo para cambiar hábitos y modificar conductas que se alejan del bienestar. Tiempo para conocernos, tiempo para encontrar situaciones en nuestras relaciones y comportamientos que sea necesario mejorar o dejar atrás. Tiempo para valorarnos. Tiempo para mirar los miedos a los ojos, para dejar que se transformen en valor. Tiempo para amarnos. Aún en medio de las multitareas que estamos acostumbradas a realizar desde los diferentes roles que desempeñamos, que nunca nos falte el tiempo para cuidarnos.

Hoy cuando comprendo que todo hace parte del equilibrio de la vida, pienso en palabras del poeta William Blake: “El Hombre fue hecho para la alegría y la tristeza, y cuando esto bien aprendemos por el mundo caminamos seguros. Alegría y tristeza enlazadas están, un ropaje para el alma divina”. Hoy vestimos de “rosa” en honor a mi mamá y a todas las bellas y valientes mujeres que trascendieron para  enseñarnos a vivir.

#19deoctubre

https://hdl.handle.net/11323/9575 





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